Poemas de Juan del Encina

Nombre: Juan del Encina
Nacimiento: Fermoselle 1468
Muerte: León 1529
Nacionalidad: España
Biografía de Juan del Encina

Poemas de Juan del Encina



Poesías de Juan del Encina preferidas de nuestros lectores


  • Villancicos

  • al muro del coraçón,
    ¡no ay ninguna defensión!

    Si amor quiere dar combate
    con su poder y firmeza,
    no ay fuerça ni fortaleza
    que no tome o desbarate,
    o que no hiera o no mate
    al que no se da a presión,
    ¡no ay ninguna defensión!

    Sin partidos, con partidos,
    con sus tratos o sin trato,
    gana y vence en poco rato
    la razón y los sentidos;
    los sentidos ya vencidos,
    sojuzgada la razón,
    ¡no ay ninguna defensión!

    Con halagos y temores,
    con su fuerça y su poder,
    de los que han de defender
    haze más sus servidores;
    pues las guardas son traydores
    y cometen traÿción,
    ¡no ay ninguna defensión!

    Nunca jamás desconfía;
    de los más sus enemigos
    haze mayores amigos;
    siempre vence su porfía,
    da plazer y da alegría,
    y, si quiere dar passión,
    ¡no ay ninguna defensión!

    Son sus fuerças tan forçosas
    que fuerçan lo más que fuerte,
    puede dar vida y dar muerte,
    puede dar penas penosas;
    a sus fuerças poderosas,
    si pone fe y afición,
    ¡no ay ninguna defensión!

    Fin

    No ay quién salga de sus manos,
    discretos y no discretos,
    a todos tiene sugetos:
    judíos, moros, cristianos;
    sobre todos los humanos
    tiene gran juridición,
    ¡no ay ninguna defensión!

    2

    Pues que tú, Reyna del cielo,
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú que reynas con el Rey
    de aquel reyno celestial;
    tú, lumbre de nuestra ley,
    luz de linage humanal,
    pues para quitar el mal
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, Virgen, que mereciste
    ser madre de tal Señor;
    tú, que, quando le pariste,
    le pariste sin dolor;
    pues con nuestro Salvador
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, que del parto quedaste
    tan virgen como primero;
    tú, Virgen, que te empreñaste
    siendo virgen por entero;
    pues que con Dios verdadero
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, que lo que perdió Eva
    cobraste por quien tú eres;
    tú, que nos diste la nueva
    de perdurables plazeres;
    tú, bendita en las mugeres,
    si nos vales
    darás fin a nuestros males.

    Tú, que te dizen bendita
    todas las generaciones;
    tú, que estás por tal escrita
    entre todas las naciones;
    pues en las tribulaciones
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, que tienes por oficio
    consolar desconsolados;
    tú, que gastas tu exercicio
    en librarnos de pecados;
    tú, que guías los errados
    y los vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, que tenemos por fe
    ser de tanta perfeción
    que nunca será ni fue
    otra de tu condición;
    pues para la salvación
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    ¿Quién podrá tanto alabarte
    según es tu merecer?
    ¿Quién sabrá tan bien loarte
    que no le falte saber?;
    pues que para nos valer
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    ¡O, Madre de Dios y Hombre!
    ¡O concierto de concordia!
    Tú, que tienes por renombre
    Madre de misericordia,
    pues para quitar discordia
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, que por gran humildad
    fueste tan alto ensalçada
    que a par de la Trinidad
    tú sola estás assentada.
    Y pues tú, Reyna Sagrada,
    tanto vales,
    ¡da remedio a nuestros males!

    Tú, que estavas ya criada
    quando el mundo se crio;
    tú, que estavas muy guardada
    para quien de ti nació,
    pues por ti nos conoció,
    si nos vales
    fenecerán nuestros males.

    Fin

    Tú, que eres flor de las flores;
    tú, que del cielo eres puerta;
    tú, que eres olor de olores;
    tú, que das gloria muy cierta,
    si de la muerte muy muerta
    no nos vales,
    no ay remedio en nuestros males.

    3

    Quien tuviera por señora
    la Virgen, Reyna del cielo,
    no tema ningún recelo.

    Que a los flacos coraçones
    con su gracia torna fuertes,
    haze vidas de las muertes
    y es llave de las presiones;
    quien de sus consolaciones
    alcançare algún consuelo
    no tema ningún recelo.

    Siempre bive sin tristura
    quien le tiene devoción;
    da muy gran consolación
    la vista de su figura;
    el que servir la procura
    con amor, en este suelo,
    no teme ningún recelo.

    Fin

    A quien ella da osadía
    no teme ningún temor
    y si tiene algún dolor
    se le buelve en alegría.
    Señora, Virgen María,
    consuela mi desconsuelo,
    no tema ningún recelo.

    4

    ¿A quién devo yo llamar
    "vida mía"
    sino a ti, Virgen María?

    Todos te deven servir,
    Virgen y Madre de Dios,
    que siempre ruegas por nos
    y tú nos hazes bivir.
    Nunca me verás dezir
    "vida mía"
    sino a ti, Virgen María.

    Duélete, Virgen de mí,
    mira bien nuestro dolor,
    que este mundo pecador
    no puede bivir sin ti.
    No llamo desque nací
    "vida mía"
    sino a ti, Virgen María.

    Tanta fue tu perfeción
    y de tanto merecer
    que de ti quiso nacer
    quien fue nuestra redención.
    No ay otra consolación,
    vida mía,
    sino a ti, Virgen María.

    El tesoro divinal
    en tu vientre se encerró,
    tan precioso que libró
    todo el linage humanal.
    ¿A quién quexaré mi mal,
    vida mía,
    sino a ti, Virgen María?

    Tú sellaste nuestra fe
    con el sello de la cruz,
    tú pariste nuestra luz,
    Dios de ti nacido fue.
    Nunca jamás llamaré
    "vida mía"
    sino a ti, Virgen María.

    Fin

    ¡O clara Virginidad,
    fuente de toda virtud!,
    no cesses de dar salud
    a toda la cristiandad.
    No pedimos piedad,
    vida mía,
    sino a ti, Virgen María.

    5

    ¡O Reyes Magos benditos,
    pues de Dios soys tan amados,
    sed mi guarda y abogados!

    Sed mi guarda en este suelo
    porque en sus lazos no caya
    y abogados en el cielo
    porque a veros allá vaya;
    porque por vosotros aya
    gran perdón de mis pecados,
    sed mi guarda y abogados.

    Tanto quiso Dios amaros
    por vuestro merecimiento
    que le plugo revelaros
    su sagrado nacimiento;
    pues le tenéys tan contento
    y con Él soys tan privados,
    sed mi guarda y abogados.

    Venistes desde Oriente
    adorar al Rey divino
    con aquel alto presente
    para quien d'él era dino;
    caminastes de contino
    por una estrella guiados,
    sed mi guarda y abogados.

    Fin

    Sirviéronle los pastores
    por Pastor de tantas greyes
    y vosotros, mis señores,
    por mayor Rey de los reyes;
    pues del Dador de las leyes
    soys tan queridos y amados,
    sed mi guarda y abogados.

    6

    El que rige y el regido,
    sin saber,
    mal regidos pueden ser.

    Mal rige quien no es prudente
    porque todo va al revés
    y el perfeto regir es
    saber mandar sabiamente;
    quel regido y el rigente,
    sin saber,
    mal regidos pueden ser.

    Donde falta discreción
    no ay ninguna cosa buena;
    lo que discreción ordena,
    aquello da perfeción;
    mas los que regidos son,
    sin saber,
    mal regidos pueden ser.

    Fin

    El saber que Dios nos da,
    aquél es saber perfeto
    y aquél se llame discreto
    que de tal saber sabrá;
    y lo que regido va,
    sin saber,
    mal regido puede ser.

    7

    Quien al triste coraçón
    procurare consolar
    tome parte del llorar.

    Que quien al triste consuela,
    si de su dolor se duele,
    primero que le consuele,
    llorando su mal le duela,
    porque el triste no recela
    otro más triste pesar
    que ver otros alegrar.

    Mal concierta covardía
    y esforçada fortaleza,
    el triste busque tristeza
    y el alegre ellalegría;
    porque en una compañía
    el llorar con el cantar
    mal se puede concertar.

    El que bive triste vida
    la vida tiene por muerte,
    y es la muerte de tal suerte
    muerte mil vezes sufrida;
    quien de vida tan perdida
    no se puede remediar
    la muerte deve buscar.

    8

    Más vale trocar
    plazer por dolores
    que estar sin amores.

    Donde es gradecido
    es dulce el morir;
    bivir en olvido,
    aquél no es bivir;
    mejor es sufrir
    passión y dolores
    que estar sin amores.

    Es vida perdida
    bivir sin amar
    y más es que vida
    saberla emplear;
    mejor es penar
    sufriendo dolores
    que estar sin amores.

    La muerte es vitoria
    do bive afición,
    que espera aver gloria
    quien sufre passión;
    más vale presión
    de tales dolores
    que estar sin amores.

    El ques más penado
    más goza de amor,
    quel mucho cuydado
    le quita el temor;
    assí ques mejor
    amar con dolores
    que estar sin amores.

    No teme tormento
    quien ama con fe,
    si su pensamiento
    sin causa no fue;
    aviendo por qué
    más valen dolores
    que estar sin amores.

    Fin

    Amor que no pena
    no pida plazer,
    pues ya le condena
    su poco querer;
    mejor es perder
    plazer por dolores
    que estar sin amores.

    9

    Por muy dichoso se tenga
    quien por vos sufre passión,
    pues es harto galardón.

    Siendo vos la causadora
    de la muerte que yo muero,
    ¿qué mayor vitoria quiero
    que morir por tal señora?;
    pues con la causa se dora,
    bien abasta la passión,
    pues es harto galardón.

    A quantos vencidos biven
    no tenéys que darles grado,
    pues en veros es forçado
    que de fuerça se cativen;
    vuestros ojos no me esquiven,
    no quiero sino passión,
    pues es harto galardón.

    Los aquexados sospiros
    de la pena que me days,
    harto los galardonáys
    en que pene por serviros;
    sin otra merced pediros
    soy contento de passión,
    pues es harto galardón.

    A vos se deve el ditado
    de más hermosura y gala,
    y a mí nadie se me yguala
    en seros aficionado;
    por ser tan bien empleado
    yo quiero sufrir passión,
    pues es harto galardón.

    Y pues soys tan linda y bella,
    mi passión he yo por buena,
    que a todo el mundo days pena
    y a nadie remedio della;
    no puedo tener querella
    con tan dichosa passión,
    pues es harto galardón.

    Fin

    Aunque no jamás vencida
    y a todos vencéys en veros,
    nadie dexe de quereros
    pues es deuda conocida;
    con esperança perdida
    de esperar sino passión,
    pues es harto galardón.

    10

    Ya no quiero tener fe,
    Señora, sino con vos,
    pues que soys Madre de Dios.

    Vos soys hija, vos soys madre
    de Aquél mesmo que os crio.
    Él es vuestro hijo y padre
    y por madre a vos nos dio.
    A todos nos redimió
    en querer nacer de vos,
    ¡bendita Madre de Dios!

    Soys Madre de Dios y mía,
    soys el fin de mi esperança,
    soys mi plazer y alegría,
    soys mi bienaventurança.
    Mi remedio no se alcança
    por otra sino por vos,
    ¡Virgen y Madre de Dios!

    ¿Qué mudança me mudó?;
    ¿quál amor pudo vencerme
    quando mi fe os olvidó
    por en otro amor meterme?
    Que estava para perderme
    si no fuera ya por vos,
    ¡Madre y Esposa de Dios!

    Mis verdaderos amores
    ya con vos tenerlos quiero,
    pues que soys de pecadores
    el remedio verdadero.
    Que si bien alguno espero
    es por serviros a vos,
    ¡huéspeda y sierva de Dios!

    Los que vuestro nombre llaman
    son muy presto remediados;
    los que con amor os aman
    siempre biven consolados.
    Nunca son desamparados
    los que tienen fe con vos,
    ¡sagrado templo de Dios!

    Fin

    A vos quiero por señora,
    en tanto quanto biviere;
    sed vos mi procuradora
    quando deste mundo fuere,
    porque después que muriere
    no me aparte yo de vos,
    ¡palacio y casa de Dios!

    11

    -¿Quién te traxo, Criador,
    por esta montaña escura?
    -¡Ay, que tú, mi criatura!

    -¿Cómo vienes lastimado,
    maltratado de tal suerte?
    ¿Quién te sentenció a la muerte
    siendo justo, sin pecado?
    Aviendo, Señor, crïado
    a toda humana natura,
    ¿vienes a tal desventura?

    -Acordé de te crïar
    por ver tu merecimiento,
    quebraste mi mandamiento,
    no lo supiste guardar,
    por do vengo yo a pagar
    tu pecado y tu locura,
    pues te hize a mi figura.

    -¿No pudieras, Rey del cielo,
    pues eres tan poderoso,
    reynar en gloria y reposo
    sin venir aqueste suelo
    a sufrir tal desconsuelo,
    tal dolor y tal tristura,
    tal pena tan sin mesura?

    -Por cumplir las profecías
    que de mí profetizaron
    los profetas que cantaron
    la venida del Mexías.
    Pues se cumplen ya los días
    para cumplir la escritura,
    búsquenme la sepultura.

    -¡O Poderoso Poder,
    nuestra verdadera luz,
    que en el árbol de la Cruz
    has venido a padecer,
    por venir a guarecer
    con tu sangre santa y pura
    la lavor de tu hechura!

    Fin

    -En árbor vine a penar
    por levantar tu caýda,
    que a do se perdió la vida
    allí se deve buscar.
    Por purgar el resalgar
    que comiste por dulçura,
    he por dulce mi amargura.

    12

    Hermitaño quiero ser,
    por ver.
    Hermitaño quiero ser.

    Por provar nueva manera
    mudar quiero mi vestir,
    porque en el traje defuera
    desconoçan mi bivir.
    No mudaré mi querer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Serán mis hábitos tales
    que digan con mi dolor:
    será el paño de mis males,
    será de fe la color,
    y el cordón de padecer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Será hecho mi cilicio
    de muy áspero tormento,
    texido con mi servicio,
    cosido con sufrimiento,
    y élo siempre de traer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Las cuentas para rezar
    han de ser cien mil querellas,
    el bordón para esforçar
    ha de ser la causa dellas.
    Y pues me dexé vencer,
    por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Crecerán mis barvas tanto
    quanto creciere mi pena.
    Pediré con triste llanto:
    "¡Dad para la Madalena!",
    si me quisieren valer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    No peynaré mis cabellos
    ni descansarán mis ojos
    hasta que se duela dellos
    quien me causa mil enojos,
    si se quisiesse doler.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Haré vida tan estrecha,
    que peor sea que muerte,
    porque no tengan sospecha
    que bivo por otra suerte,
    y no tomaré plazer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Andaré sin alegría
    aquexado de cuydados,
    por los páramos de día,
    de noche por los poblados,
    y assí quiero fenecer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Quiçá que por mi ventura,
    andando de puerta en puerta,
    veré la gentil figura
    de quien tien mi vida muerta,
    si saliesse a responder.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Los sospiros encubiertos
    que he callado por mi daño,
    ora serán descubiertos
    en hábito de hermitaño;
    ora ganar o perder.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Pensarán los que me vieren
    que sospiro con pobreza;
    la que mis ojos ver quieren
    bien sentirá mi tristeza,
    bien me sabrá conocer.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    Fin

    ¡O, qué bienaventurança
    ternía mi coraçón
    si cumpliesse mi esperança
    viéndome en tal religión!
    Haré todo mi poder.
    Por ver,
    hermitaño quiero ser.

    13

    -Remediad, señora mía,
    pues podéys.
    -Señor, no me lo mandéys.

    -El remedio de mi vida
    de vos lo espero, señora.
    -Pues tened, señor, perdida
    esperança, por agora.
    -¡O crüel remediadora,
    no queréys!
    -Señor, no me lo mandéys.

    -Mal remedio tenéys luego
    si vos de mí lo esperáys.
    -Señora, por Dios os ruego
    tal cosa no me digáys,
    que si mi pena miráys,
    sí haréys.
    -Señor, no me lo mandéys.

    -Siempre me siguen dolores
    por seros aficionado.
    -Pues ¿por qué tenéys amores
    con quien soys tan desdichado?
    -Y si soy de amor forçado
    ¿qué diréys?
    -Señor, no me lo mandéys.

    -No procuréys de servirme,
    que no entiendo remediaros.
    -Ni yo, señora, partirme
    de buscar en qué agradaros,
    que no podéys escusaros,
    si quereys.
    -Señor, no me lo mandéys.

    -Aunque mi mal me condene,
    vos soys la que me condena.
    -No soy, pues queréys que pene
    por librar a vos la pena.
    -Pues que mi fe es tanto buena,
    no dudéys.
    -Señor, no me lo mandéys.

    -Si gran fe tenéys comigo
    mudad vuestra confiança.
    -Señora, con tal castigo
    nunca amor hizo mudança,
    antes cumplid mi esperança,
    pues podéys.
    -Señor, no me lo mandéys.

    Fin

    -Dad, señora, ya algún medio
    cómo mi vida no muera.
    -Yo, señor, daré remedio
    quando razón lo requiera.
    -Señora, luego quisiera,
    pues podéys.
    -Señor, no me lo mandéys.

    14

    No quiero que me consienta
    mi triste vida bivir
    ni yo quiero consentir.

    Pues que vos queréys matarme
    yo, señora, soy contento,
    que veros y dessearme
    será doblado tormento,
    pues vuestro merecimiento
    no me consiente bivir
    ni yo quiero consentir.

    De mi dolor y tristura
    ningún remedio se espera,
    pues que mi suerte y ventura
    del todo quiere que muera;
    y la muerte verdadera
    no me consiente bivir
    ni yo quiero consentir.

    Consiento mi triste suerte
    porque sé que soys servida
    que sufra por vos la muerte
    por verme perder la vida;
    y pues mi pena crecida
    no me consiente bivir
    ni yo quiero consentir.

    Fin

    Sufro la muerte doblada
    en pensar que si yo muero,
    de nadie seréys amada
    con amor tan verdadero;
    mas pues no queréys, no quiero
    que me consintáys bivir
    ni yo quiero consentir.

    15

    -Dezidme, pues sospirastes,
    cavallero, que gozéys,
    ¿quién es la que más queréys?

    -Lástima tan lastimera,
    ¿para qué la preguntáys,
    pues que sabéys que me days
    mayor mal porque más muera?
    Quien yo quiero que me quiera
    vos, señora, lo sabéys.
    Y más no me preguntéys.

    -En preguntaros, señor,
    yo no creo aver errado,
    que en veros apassionado
    huve de vos gran dolor.
    Si padecéys mal de amor,
    assí della vos gozéys,
    que vos no me lo neguéys.

    -¡O, señora, y qué lindeza
    la de quien me cativó,
    sino que se me tornó
    para mí toda en crueza!
    Es tanta su gentileza
    que vos mesma la amaréys
    y a mí no me culparéys.

    -No neguéys vuestra fatiga
    a quien os busca consuelo.
    Pues de vuestro mal me duelo
    sepa quién es vuestra amiga,
    que más parece enemiga
    éssa por quien padecéys,
    pues que vos no la vencéys.

    -Obedecer y serviros
    es lo que yo más desseo;
    que lo sepáys bien lo creo,
    mas mi mal quiero deziros:
    los tormentos y sospiros
    de la pena en que me veys,
    remediar vos los podéys.

    Fin

    -¿Remediar a vuestra pena
    si dezís penaros yo?
    Pues el amor os prendió,
    él quitará la cadena;
    sabed que ya soy agena,
    vos de mí más no curéys,
    que mal remedio tenéys.

    16

    Pues no te duele mi muerte
    siendo tú la causa della,
    sepan todos mi querella.

    Sepan que tengo razón
    de quexarme, si me quexo,
    pues de ti vencerme dexo
    dándote mi coraçón;
    y no tienes afición
    pues me matas por tenella,
    sepan todos mi querella.

    ¡O muger desgradecida,
    más que nadie nunca fue!,
    que no te vence mi fe
    ni mi passión tan crecida,
    pues la tienes conocida
    y quieres desconocella,
    sepan todos mi querella.

    Siempre muestras que me quieres,
    yo no sé lo que desseas,
    mas no puede ser que seas
    más cruel de lo que me eres;
    y pues con la fe me hyeres
    y no muestras obras della,
    sepan todos mi querella.

    Posiste, con tu querer,
    en mi fe mucha esperança,
    mas ora, con la mudança,
    hásmela hecho perder;
    y pues tú, con tu poder,
    no quieres favorecella,
    sepan todos mi querella.

    Y tu querer ha causado
    en el mío tal firmeza
    que mi bien y mi riqueza
    es en cumplir tu mandado;
    y pues no tienes cuydado
    y matas siendo tan bella,
    sepan todos mi querella.

    Fin

    Mas esta merced te pido
    por no te dar más enojos:
    me mires con tales ojos
    con quales mi fe te vido;
    si crueza pone olvido,
    piérdela, pues en perdella
    perderé yo mi querella.

    17

    No quiero tener querer
    ni quiero querido ser.

    Pues amor tan mal me trata,
    no quiero su galardón,
    que con mil muertes me mata
    por le tener afición,
    y no me puedo valer
    con el mucho padecer.

    Mostróme tal esperança
    quando por suyo me di,
    quel daño de la tardança
    con ella no lo sentí,
    y por me echar a perder
    ha tardado el gradecer.

    Siempre me dio mil pesares
    por un plazer con dolor
    y en peligrosos lugares
    siempre me negó el favor,
    y nunca me pude ver
    sino triste en su poder.

    Fueron tantos mis servicios
    que no se pueden contar,
    sus pagas y beneficios
    han sido de me matar,
    y es cosa de no creer
    quánto pierde mi perder.

    Las mercedes que esperava,
    triste, yo nunca las vi
    el gozo que desseava
    fue tristeza para mí;
    ya la gloria y el plazer
    no me saben conocer.

    Fin

    No fue menos su crüeza
    que mis pérdidas y daños;
    si fe grande mi firmeza,
    muy mayores sus engaños;
    pues no me quiere querer
    ya no quiero suyo ser.

    18

    Pues amas, triste amador,
    dime qué cosa es amor.

    Es amor un mal que mata
    a quien le más obedece;
    mal que mucho más maltrata
    al que menos mal merece;
    favor que más favorece
    al menos merecedor.

    Es amor una afición
    de desseo desseoso,
    donde falta la razón
    al tiempo más peligroso;
    y es un deleyte engañoso
    guarnecido de dolor.

    Es amor un tal poder
    que fuerça la voluntad;
    adonde pone querer
    quita luego libertad;
    es más firme su amistad
    quando finge desamor.

    Es una fuente do mana
    agua dulce y amargosa,
    que a los unos es muy sana
    y a los otros peligrosa,
    unas vezes muy sabrosa
    y otras vezes sin sabor.

    Es una rosa en abrojos
    que nace en qualquier sazón,
    quando se vencen los ojos
    consintiendo el coraçón;
    cógese con gran passión,
    con gran peligro y temor.

    Fin

    Es un xarope mezclado
    de un plazer y mil tristuras,
    desleýdo con cuydado
    en dos mil desaventuras;
    que si beverlo procuras
    morirás, si no ay favor.

    19

    Más quiero morir por veros
    que bivir sin conoceros.

    Es tan firme mi esperança,
    que jamás haze mudança,
    teniendo tal confïança
    de ganarme por quereros.

    Mucho gana el ques perdido
    por merecer tan crecido
    y es vitoria ser vencido
    sin jamás poder venceros.

    Fin

    Aunque sienta gran tormento,
    gran tristeza y pensamiento,
    yo seré dello contento,
    por ser dichoso de veros.

    20

    Pues que mi triste penar
    siempre crece y es más fuerte,
    más me valdría la muerte.

    Que la gloria que recibo
    en ver vuestra hermosura,
    me tiene siempre cativo
    con dolores y tristura,
    y me haze dessear,
    viendo mi passión tan fuerte,
    mil vezes, triste, la muerte.

    Y con este tal desseo
    bivo sin vida penando,
    que jamás nunca posseo
    el galardón que demando;
    y querría ya trocar
    esta desastrada suerte
    por bivir vida sin muerte.

    Fin

    Es dulce penosa vida
    viniendo de vuestra mano,
    mas no siendo vos servida
    el morir es lo más sano;
    y en morir la vida gano,
    siendo tan triste mi suerte.
    ¡Más me valdría la muerte!

    20

    No se puede llamar fe
    la que en obras no lo fue.

    Aunque mucho me queráys,
    pues que no me remediáys,
    vos soys la que me matáys
    y de vos me quexaré.

    Vos me mostrastes favor
    por me meter en amor
    y avéysme dado dolor,
    dolor que tal nunca fue.

    Robástesme mi querer,
    mi libertad y poder,
    mas no queréys gradecer
    el mal que por vos passé.

    Pues la fe y el bien amar
    en obras se ha de mostrar,
    no tardéys en remediar,
    que vuestro soy y seré.

    Fin

    No neguéys el galardón
    a mi triste coraçón,
    que con toda mi passión
    yo jamás os negaré.

    21

    ¡Ay, amor, a quántos tienes
    cativados
    que no te son obligados!

    Cativas el coraçón,
    ques razón que no catives;
    no te goviernas ni bives
    por derecho ni razón;
    tiene muchos tu afición
    cativados
    que no te son obligados.

    Fin

    Cativaste mi querer
    do mi fe recibe engaño
    y no miras quanto daño
    se me puede recrecer.
    ¡Quántos tiene tu poder
    cativados
    que no te son obligados!

    22

    Ya cerradas son las puertas
    de mi vida,
    y la llave es ya perdida.

    Las puertas son mis servicios,
    la cerradura es olvido,
    la llave que se ha perdido
    es perder los beneficios.
    Assí que fuera de quicios
    va mi vida,
    pues la llave es ya perdida.

    Puse la vida en poder
    de quien sirvo y de quien amo.
    Agora, triste, aunque llamo,
    no me quiere responder.
    Cerróme con su querer
    la salida,
    y la llave es ya perdida.

    Fin

    He servido con tal fe
    qual nadie nunca sirvió.
    El galardón que me dio
    fue peor que nunca fue.
    Assí que triste no sé
    de mi vida,
    pues la llave es ya perdida.

    23

    Bivirá tanto mi vida
    quanto vos seáys servida.

    Tanto serviros desseo,
    quel dessear me atormenta,
    y no sé si soys contenta
    de la vida que posseo;
    que no quiero tener vida
    sin que vos seáys servida.

    Y si vos queréys que muera,
    la vida no la codicio,
    pues en hazeros servicio
    es mi gloria verdadera;
    que la muerte será vida
    si con ella soys servida.

    Fin

    Y aunque mis servicios sean
    pequeños para con vos,
    mirad, señora, por Dios,
    quánto serviros dessean;
    que no tengo yo más vida
    de quanto seáys servida.

    24

    Pues el fin de mi esperança
    tanto tarda,
    para mayor mal se guarda.

    Es el fin del bien que espero
    alcançar vuestro querer,
    que sin vos querer no quiero
    bien ni gloria ni plazer;
    mas, pues vuestro gradecer
    tanto tarda,
    para mayor mal se guarda.

    No se tarda mi serviros,
    mas tárdase el galardón,
    que me causa mil sospiros
    que salen del coraçón;
    y pues vuestra compassión
    tanto tarda,
    para mayor mal se guarda.

    Fin

    Guárdase mi buena suerte
    para dar fin a mi gloria,
    porque después de mi muerte
    quede mi mal por memoria;
    assí que si mi vitoria
    más se tarda,
    para mayor mal se guarda.

    25

    Paguen mis ojos, pues vieron
    a quien más que a sí quisieron.

    Vieron una tal beldad,
    que de grado y voluntad
    mi querer y libertad
    cativaron y prendieron.

    Cativaron mi querer
    en poder de tal poder,
    que les es forçado ser
    más tristes que nunca fueron.

    Fin

    Más tristes serán, si biven,
    que si moros los cativen,
    porque de mirar se esquiven
    a quien nunca conocieron.

    26

    Ventura quiere que quiera
    trocar plazer por pesar,
    por más penar mi penar.

    Ya mi triste pensamiento
    el plazer ha despedido
    y en su lugar recebido
    la tristura y el tormento.
    Yo me siento muy contento,
    muy contento con pesar,
    por más penar mi penar.

    Mostróme ventura gloria
    porque su poder supiesse,
    y antes que bien la sintiesse
    huyóme de mí memoria.
    No me queda otra vitoria
    sino dolor y pesar,
    por más penar mi penar.

    Si no supiera mi vida
    de gloria ni la gustara,
    después no me lastimara
    al tiempo quando perdida.
    Para dar mayor herida,
    mostróme su dessear,
    por más penar mi penar.

    Muy mejor, triste, me fuera
    nunca de plazer saber,
    para agora conocer
    tristura tan lastimera.
    Hasta que del todo muera
    no me faltará pesar,
    por mas penar mi penar.

    Pues quiso mi mala suerte,
    consienta mi coraçón
    acabar una passión
    con otra passión más fuerte.
    Por mejor buscar la muerte
    quiero más el más pesar,
    por más penar mi penar.

    Fin

    El muy triste desdichado,
    porque creça su fatiga,
    con la más fatiga siga
    tras la passión y el cuydado.
    Y assí, triste, yo, penado,
    no quiero sino pesar,
    por más penar mi penar.

    27

    Ningún cobro ni remedio
    puede mi vida cobrar
    sino vuestro remediar.

    Que si vos no remediáys,
    doy la vida por perdida;
    si remedio me negáys
    yo no siento a quién lo pida:
    pues por vos pierdo la vida,
    por vos la puedo cobrar:
    que no ay otro remediar.

    Contentaros y serviros
    es el fin de mi desseo;
    mis cuydados y sospiros
    por vos sola los posseo;
    y ningún remedio veo
    que pueda remedio dar
    sino vuestro remediar.

    Fin

    Vos sola soys el remedio
    de mi mal y perdimiento,
    y sin vos no sé qué medio
    ponga medio en mi tormento.
    Assí que cobro no siento
    para me poder cobrar
    sino vuestro remediar.

    28

    ¡No te tardes, que me muero,
    carcelero!
    ¡No te tardes, que me muero!

    Apressura tu venida,
    porque no pierda la vida;
    que la fe no está perdida,
    carcelero.
    ¡No te tardes, que me muero!

    Bien sabes que la tardança
    trae gran desconfïança;
    ven y cumple mi esperança,
    carcelero.
    ¡No te tardes, que me muero!

    Sácame desta cadena,
    que recibo muy gran pena,
    pues tu tardar me condena,
    carcelero.
    ¡No te tardes, que me muero!

    La primer vez que me viste,
    sin te vencer me venciste;
    suéltame, pues me prendiste,
    carcelero.
    ¡No te tardes, que me muero!

    La llave para soltarme,
    ha de ser galardonarme
    proponiendo no olvidarme,
    carcelero.
    ¡No te tardes, que me muero!

    Fin

    Y siempre, quanto bivieres,
    haré lo que tú quisieres,
    si merced hazerme quieres,
    carcelero.
    ¡No te tardes, que me muero!

    29

    Floreció tanto mi mal,
    sin medida,
    que hizo secar mi vida.

    Floreció mi desventura
    y secósse mi esperança;
    floreció mi gran tristura
    con mucha desconfïança;
    hizo mi bien tal mudança,
    sin medida,
    que hizo secar mi vida.

    Hase mi vida secado,
    con sobra de pensamiento;
    ha florecido el cuydado,
    las passiones y el tormento;
    fue tanto mi perdimiento,
    sin medida,
    que hizo secar mi vida.

    Fin

    Secósse todo mi bien,
    con el mal que floreció;
    no sé cúyo soy ni quién,
    quel plazer me despidió;
    tanto mi pena creció,
    sin medida,
    que hizo secar mi vida.

    30

    Vencedores son tus ojos,
    mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Fue de tal contentamiento
    mi querer de tu beldad,
    que te di mi libertad
    a troque de pensamiento;
    y me hallo más contento
    que todos los amadores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Rematada está la cuenta,
    pues mi fe te da la paga;
    que no ay cosa que no haga
    por tener a ti contenta.
    Yo no sé quién se arrepienta
    de sufrir por ti dolores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Aunque pongas duda en ella,
    tienes mi fe tan vencida,
    que por ti perder la vida
    en poco tengo perdella.
    ¿Quién te puede ver tan bella
    que en mirar no le enamores?
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    No descuydes mi cuydado,
    mira bien quánto te quiero,
    que amador tan verdadero
    no deve ser olvidado.
    Mil passiones he passado
    por alcançar tus favores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Con esfuerço y osadía
    de poderme llamar tuyo,
    no me temo ni rehuyo
    cativarme, vida mía.
    Tú, mi bien y mi alegría,
    pones y quitas temores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Y mi libertad cativa,
    pues la tienes, ten por cierto
    que seré mil vezes muerto
    y la fe quedará biva.
    Olvida de serme esquiva,
    porque mis bienes mejores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Si bien sientes mi desseo,
    sentirás en tu memoria
    que mirarte es tanta gloria
    quanto mal, si no te veo.
    Assí que por ti posseo
    amarguras y dulçores.
    Mil amores,
    tus ojos son vencedores.

    Conformes creo que estamos,
    plega a Dios que siempre sea,
    y lo que el uno dessea
    ambos juntos lo queramos;
    y muy buena fe tengamos,
    y las obras muy mejores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.

    Fin

    Agora, por no enojarte,
    no te digo más de aquesto
    sino que de aquí protesto
    de ser tuyo sin errarte,
    y jamás nunca olvidarte
    aunque muestres disfavores.
    Mis amores,
    tus ojos son vencedores.


  • Romances 1

  • ¿Qués de ti, rey de Granada?
    ¿Qués de tu tierra y tus moros?
    ¿Dónde tienes tu morada?

    Reniega ya de Mahoma
    y de su seta malvada,
    que bivir en tal locura
    es una burla burlada.

    Torna, tórnate, buen rey,
    a nuestra ley consagrada,
    porque si perdiste el reyno
    tengas ellalma cobrada;
    de tales reyes vencido
    onrra te deve ser dada.

    ¡O Granada noblecida,
    por todo el mundo nombrada!,
    hasta aquí fueste cativa
    y agora ya libertada.

    Perdióte el rey don Rodrigo
    por su dicha desdichada;
    ganóte el rey don Fernando
    con ventura prosperada,

    la reyna doña Ysabel,
    la más temida y amada,
    ella con sus oraciones
    y él con mucha gente armada.

    Según Dios haze sus hechos
    la defensa era escusada,
    que donde Él pone su mano
    lo impossible es quasi nada.

    2