Poema Elega segunda de Miguel Hernndez

Elega segunda

de Miguel Hernndez


A Pablo de la Torriente, comisario poltico

"Me quedar en Espaa, compaero",
me dijiste con gesto enamorado.
Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero
en la hierba de Espaa te has quedado.

Nadie llora a tu lado:
desde el soldado al duro comandante,
todos te ven, te cercan y te atienden
con ojos de granito amenazante,
con cejas incendiadas que todo el cielo encienden.

Valentn el volcn, que si llora algn da
ser con unas lgrimas de hierro,
se viste emocionado de alegra
para robustecer el ro de tu entierro.

Como el yunque que pierde su martillo,
Manuel Moral se calla
colrico y sencillo.

Y hay muchos capitanes y muchos comisarios
quitndote pedazos de metralla,
ponindote trofeos funerarios.

Ya no hablars de vivos y de muertos,
ya disfrutas la muerte del hroe, ya la vida
que no te ver en las calles ni en los puertos
pasar como una rfaga garrida.

Pablo de la Torriente,
has quedado en Espaa
y en mi alma cado:
nunca se pondr el sol sobre tu frente,
heredar tu altura la montaa
y tu valor el toro del bramido.

De una forma vestida de preclara
has perdido las plumas y los besos,
con el sol espaol puesto en la cara
y el de Cuba en los huesos.

Pasad ante el cubano generoso,
hombres de su Brigada,
con el fusil furioso,
las botas iracundas y la mano crispada.

Miradlo sonriendo a los terrones
y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos
a nuestros ms floridos batallones
y a sus varones como rayos rudos.

Ante Pablo los das se abstienen ya y no andan.
No temis que se extinga su sangre sin objeto,
porque ste es de los muertos que crecen y se agrandan
aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.



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