Poemas de Alfonso Reyes

Alfonso-Reyes
Nombre: Alfonso Reyes
Nacimiento: Monterrey, México 17 de mayo de 1889
Muerte: México, D.F., 27 de diciembre de 1959
Nacionalidad: México
Biografía de Alfonso Reyes

Poemas de Alfonso Reyes



Poesías de Alfonso Reyes preferidas de nuestros lectores


  • El llanto


  • Al declinar la tarde, se acercan los amigos;
    pero la vocecita no deja de llorar.
    Cerramos las ventanas, las puertas, los postigos,
    pero sigue cayendo la gota de pesar.

    No sabemos de donde viene la vocecita;
    registramos la granja, el establo, el pajar.
    El campo en la tibieza del blando sol dormita,
    pero la vocecita no deja de llorar.

    ¡La noria que chirría! dicen los más agudos
    Pero ¡si aquí no hay norias! ¡Que cosa tan singular!
    Se contemplan atónitos, se van quedando mudos
    porque la vocecita no deja de llorar.

    Ya es franca desazón lo que antes era risa
    y se adueña de todos un vago malestar,
    y todos se despiden y se escapan de prisa,
    porque la vocecita no deja de llorar.

    Cuando llega la noche, ya el cielo es un sollozo
    y hasta finge un sollozo la leña del hogar.
    A solas, sin hablarnos, lloramos un embozo,
    pero la vocecita no deja de llorar.

  • Ifigenia cruel (Fragmento)

  • Pero soy como me hiciste, diosa,
    Entre las líneas iguales de tus flancos:
    Como plomada de albañil segura,
    Y como tú: como una llama fría.

    Sobre el eje de tu nariz recta,
    Nadie vio doblarse tus cejas,
    Ni plegarse los rinconcillos
    Inexorables de tu boca,
    Por donde huye un grito inacabable,
    Penetrado ya de silencio.

    ¿Quién acariciaría tu cuello,
    demasiado robusto para asido en las manos;
    superior a ese hueco mezquino de la palma
    que es la medida del humano apetito?

    ¿Y para quién habías de desatar la equis
    de tus brazos cintos y untados
    como atroces ligas al tronco,
    por entre los cuales puntean
    los cuernecillos numerosos
    de tu busto de hembra de cría?

    ¿Quién vio temblar nunca en tu vientre
    el lucero azul de tu ombligo?
    ¿Quién vislumbró la boca hermética
    de tus dos piernas verticales?

    En torno a ti danzan los astros.
    ¡Ay del mundo si flaquearas, diosa!
    Y al cabo, lo que en ti más venero:
    Los pies donde recibes la ofrenda
    Y donde tuve yo cuna y regazo;
    Los haces de dedos en compás
    Donde puede ampararse un hombre adulto;
    Las raíces por donde sorbes
    Las cubas rojas del sacrificio, a cada luna.