Poemas de Pedro Salinas

Pedro-Salinas
Nombre: Pedro Salinas
Nacimiento: Madrid, España 27 de noviembre de 1891
Muerte: Boston, EEUU 4 de diciembre de 1951
Nacionalidad: España
Biografía de Pedro Salinas

Poemas de Pedro Salinas



Poesías de Pedro Salinas preferidas de nuestros lectores


  • No rechaces los sueños por ser sueños.


  • Todos los sueños pueden
    ser realidad, si el sueño no se acaba.
    La realidad es un sueño. Si soñamos
    que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
    Lo que corre en los ríos no es un agua,
    es un soñar, el agua, cristalino.
    La realidad disfraza
    su propio sueño, y dice:
    «Yo soy el sol, los cielos, el amor».
    Pero nunca se va, nunca se pasa,
    si fingimos creer que es más que un sueño.
    Y vivimos soñándola. Soñar
    es el modo que el alma
    tiene para que nunca se le escape
    lo que se escaparía si dejamos
    de soñar que es verdad lo que no existe.
    Sólo muere
    un amor que ha dejado de soñarse
    hecho materia y que se busca en tierra.

  • Versos 1398 a 1438


  • Versos 1398 a 1438

    Dame tu libertad.
    No quiero tu fatiga,
    no, ni tus hojas secas,
    tu sueño, ojos cerrados.
    Ven a mí desde ti,
    no desde tu cansancio
    de ti. Quiero sentirla.
    Tu libertad me trae,
    igual que un viento universal,
    un olor de maderas
    remotas de tus muebles,
    una bandada de visiones
    que tú veías
    cuando en el colmo de tu libertad
    cerrabas ya los ojos.
    ¡Qué hermosa tú libre y en pie!
    Si tú me das tu libertad me das tus años
    blancos, limpios y agudos como dientes,
    me das el tiempo en que tú la gozabas.
    Quiero sentirla como siente el agua
    del puerto, pensativa,
    en las quillas inmóviles
    el alta mar. La turbulencia sacra.
    Sentirla,
    vuelo parado,
    igual que en sosegado soto
    siente la rama
    donde el ave se posa
    el ardor de volar, la lucha terca
    contra las dimensiones en azul.
    Descánsala hoy en mí: la gozaré
    con un temblor de hoja en que se paran
    gotas del cielo al suelo.
    La quiero
    para soltarla, solamente.
    No tengo cárcel para ti en mi ser.
    Tu libertad te guarda para mí.
    La soltaré otra vez, y por el cielo,
    por el mar, por el tiempo,
    veré cómo se marcha hacia su sino.
    Si su sino soy yo, te está esperando.